¿Alucinas con el brillo de los ojos de tu hijo?
Mira:
A los siete años mi madre me plantó encima una excavadora con teclas que luego descubrí que se llamaba acordeón.
No entendía nada. Mis padres son manchegos. Y lo más parecido a un acordeón que hay en La Mancha… era la lavadora de mi abuela.
A los quince ya era profesor de acordeón.
Y sí, era el repelente niño Vicente.
Sacaba todo sobresaliente, ganaba concursos y esas cosas.
Después hice la carrera de piano y…
¿Y?
Y compuse bandas sonoras, llegué a tocar con grupos como “La Orquesta Mondragón”, “Revolver”, “Radio Tarifa”, “Rafael Amargo”…
y trabajé con entidades como el “Teatro Clásico Nacional” o el “Teatro de la Zarzuela”.
Y todo eso estuvo muy rico.
Mucho.
Incluso llegué a tocar en el Town Hall de Nueva York y en teatros fabulosos en Japón.
Peeeeeeeeero
¿Pero?
A los 35 años, después de estudiar magia en la escuela de Tamariz, me estaba esperando una cosa que ni siquiera sospechaba.
Me bajó el trabajo y, como venía de ganar pasta, decidí que era el momento de apostar por mis fantasías… por mis ilusiones.
Así que hice mi primer espectáculo infantil: “El Globo Feroz”.

«El Globo Feroz», Aquí empezó todo.
Me llevó un año de trabajo… y me dejé 10.000 € por el camino.
¿ y lo mejor de todo?
Pues que encontré mi sitio en el mundo.
Trabajaba entre 10 y 14 horas al día y me iba a casa reventado.
Me encontraba en un sitio que ni si quiera sospechaba que pudiera existir.
Me sentía, por primera vez en la vida, EN CASA.
Después vino todo lo demás: “Where is Pulgarcito?”, “El Velocípedo Mágico”…
Y aquí sigo… disfrutando, cada día, del brillo de los ojos de los niños.